martes, 3 de julio de 2012

GOBIERNO MILITAR


                        La discusión sobre la violación de los derechos humanos (DD.HH.) durante el gobierno militar (G.M.), se enfoca muy mal y mediáticamente, se ha manejado para que exista una sola visión, convertida en verdad oficial, que los medios nos están obligando aceptar y acatar; consiguiendo, al parecer, que una inmensa mayoría lo haga.
                        En 1973 en Chile las FF.AA. dieron un golpe de estado, estableciendo un gobierno autoritario, militar, dictatorial o no democrático (da lo mismo su nombre) que destituyó por las armas al gobierno de ese entonces, permaneciendo en el poder por 17 años.
                        Cuando hay un golpe de estado, se termina la democracia y el estado de derecho, única defensa contra la violación de los DD.HH. y por un periodo prolongado, se produce una anarquía en que la justicia no opera; originándose abusos y violaciones a los DD. HH., con o sin el consentimiento del poder central del golpe de estado. Además, con el poder omnímodo que adquiere el gobernante de facto después de un golpe de estado, es muy fácil que se derive en arbitrariedades y atropellos hacia quienes se oponen a su accionar. Así ha ocurrido en todos los gobiernos de estas características en la historia de la humanidad.
                       Por lo tanto; centrar la discusión en por qué hubo abusos y se violaron los DD.HH. en el G.M. es un despropósito sin sentido alguno; ya que, habiendo habido un gobierno de esas características, sin lugar a dudas se iban a producir esas tropelías. La única discusión válida es por qué se produjo el golpe de estado que llevó al poder a un gobierno que nunca debió haber existido y ahí es donde podemos encontrar las causas de las violaciones de los DD.HH.
                        En primer lugar, el golpe de estado de 1973, no fue un cuartelazo de militares en busca del poder por motivos espurios; al contrario, nuestras FF.AA. eran probadamente constitucionalistas y respetuosas del veredicto democrático, al punto que un Comandante en Jefe del Ejército perdió la vida ante un movimiento que pretendía impedir la llegada al poder del propio gobierno que posteriormente destituyeron; gobierno al que apoyaron en forma irrestricta durante 3 años y a lo menos en 2 oportunidades impidieron su caída, a pedido del propio Presidente de la Republica sobrepasado por la situación económica, política y social que existía en el país.
                        En segundo lugar, la participación de EE.UU. con la CIA, la ITT, etc. en el derrocamiento de Allende, aunque pudo ser de alguna ayuda en su consecución, no tuvo la relevancia que se le quiere atribuir; porque, sin la decisión mancomunada de las FF.AA. y Carabineros, todas las actividades de aquellos organismos habrían sido inútiles; por lo demás, la reacción de EE.UU. en plena guerra fría era de sobra conocida por el gobierno de esa época que, estúpidamente, exacerbó la situación; atrayendo un enemigo adicional en su contra, como lo reconoce hasta el propio Neruda en sus memorias, recordando su desempeño como embajador en Francia.
                        Y en tercer lugar, el gobierno militar se preocupó enormemente de evitar los abusos y violaciones a los DD.HH. hasta donde fue capaz de hacerlo; logrando minimizarlos a tal punto que, una comisión gubernamental (Rettig), después de un año de investigaciones llegó a determinar que en los 17 años del gobierno militar, hubo menos muertos por violencia de parte del estado, que las muertes ocurridas anualmente en accidentes de tránsito en el país; datos inéditos en cualquier otro gobierno de estas características en la historia mundial.
                        Por otra parte, quienes todavía defienden al G.M., cometen el gran error de identificar ese gobierno con la persona del general Pinochet, a sabiendas que dicho personaje dejó muchas sombras en sus actuaciones y que el G.M., aunque él lo presidió, es infinitamente mas trascendente que este general, a quien podría reconocérsele el coraje de llevar a cabo transformaciones que beneficiaron al país entero; pero, la realidad es que, solo las circunstancias le permitieron ostentar el cargo que ocupó, sin olvidar que entre los líderes del golpe de estado, Pinochet fue el último en integrarse.
                        Así las cosas, los verdaderos responsables de la llegada del G.M., fueron quienes pretendieron imponer una ideología por la fuerza, sin contar con el apoyo de la ciudadanía, junto a una oposición tan dogmática como los primeros, incapaces de llegar a acuerdo alguno. Por otro lado, la Corte Suprema y la Cámara de Diputados declaraban al Ejecutivo fuera de la Constitución; mientras desde el oficialismo validaban la revolución armada contra el sistema burgués que según ellos nos regía, internaba armas al país, preparaba guerrilleros y trataba de quebrar a las FF. AA.
                        En agosto de 1973, nos encontrábamos ante un gobierno que no respetaba las instituciones que le permitieron acceder al poder, que validaba el uso de las armas para imponer su ideología, con una oposición pidiendo la intervención de las FF.AA., el país paralizado por mas de 3 meses, escaseando alimentos, combustibles, sin transporte y comercio funcionando y la violencia desatada por lado y lado. En otras palabras, el país deshecho y las FF. AA. a punto de quebrarse, provocando una guerra civil de impredecibles consecuencias; la única solución razonable que quedaba, era un golpe de estado y las FF. AA. eran las únicas que podían llevarlo a cabo y así lo hicieron, evitando un desastre nacional inmensamente superior.
                        Desgraciadamente, hoy día, después que las FF. AA. nos devolvieron un país en paz y tranquilidad, con la democracia y el estado de derecho vigentes; ellas, que fueron las mas renuentes en tomarse el poder, terminaron siendo las únicas culpables de haberlo hecho, por los casos de violación a los DD. HH. detectados por una comisión ad hoc, que determinó algo tan obvio como que en una revuelta armada hay abusos y violaciones a los DD. HH., cuya única forma de evitarlos era no haber dado el golpe de estado y seguir esperando la guerra civil en ciernes. Nadie recuerda hoy que Allende y su gobierno, no reconocían la Constitución que les permitió acceder al poder, que su intención era llevar a cabo la revolución, instaurando por la fuerza una dictadura al estilo cubano, realidad muy fácil de comprobar en la documentación oficial de la época.
                        Si hay alguien responsable de las violaciones a los DD.HH. es la sociedad civil incapaz de dar gobernabilidad al país y muy especialmente el gobierno que fue el que se apartó de la institucionalidad que le permitió llegar al poder; obligando a las FF.AA. a intervenir, antes de quebrarse y entrar a una guerra civil. Son ellos quienes deberían proclamar el nunca mas y pedir el perdón que les exigimos hoy día solo a las FF.AA. que, en definitiva, solo hicieron lo único que quedaba por hacer.
                        Los casos evidentes y probados de violación de los DD.HH., que son muy pocos, deben ser castigados con todo el rigor de la ley; pero, esto no se puede transformar en una persecución; buscando e inventando artilugios legales para castigar a militares de baja graduación por presuntos delitos ocurridos hace mas de 30 años; en contraposición al otorgamiento de amnistía, prescripción e indultos a la totalidad del bando contrario.
                        Cuando los países llegan a un estado de descomposición y convulsión como la nuestra en 1973, en que todos somos culpables de ello en mayor o menor grado, la única solución que permite sanar las heridas es el olvido, la amnistía y el indulto; de lo contrario, llegamos a situaciones como las que hoy estamos viviendo en Chile, en que se impone una verdad oficial que, mediáticamente, nos obligan acatar y seguimos dándole vueltas, estúpidamente, a algo que, en definitiva, no da vueltas. Aquí se olvidaron las culpas de unos y se exacerbaron las culpas del otro. A unos se le pagó grandes cantidades de dinero y a los otros se les mandó a las mazmorras.
                        En situaciones como las actuales, en que se condena solo a un bando a través de la verdad oficial impuesta, aparecen las peores bajezas humanas y comienza a incubarse un odio que puede llegar a extremos inimaginables, como ocurrió en 1973. Como bajezas humanas, me refiero a la actitud de antiguos colaboradores del G.M. que hoy día, por cobardía u oportunismo, se desmarcan del gobierno al cual pertenecieron, aduciendo desconocimiento de lo que pasaba, a pesar que ellos fueron autoridades y mas encima, estuvieron recibiendo por más de 20 años los reclamos de la izquierda; reflejando la típica cobardía de la derecha que, cuando vieron amenazadas su posición y hacienda recurrieron a las FF. AA.; pero, ahora que gozan del legado que dejaron esas instituciones, con sus bienes a buen recaudo, las abandonan a su suerte a sabiendas que no pueden defenderse.

martes, 27 de marzo de 2012

MOVIMIENTOS SOCIALES


Escuchaba a un periodista que oficia de comentarista deportivo en TV, que como buen periodista adoctrinado en alguna de las tantas facultades universitarias que ofrecen este título profesional, manifestaba una opinión muy “progresista” de la democracia, que en estos días está muy en boga en nuestro país, gracias al gran poder de convocatoria de los medios de comunicación manejado en su mayoría, precisamente, por este tipo de periodistas. Con relación a las marchas de protesta de los hinchas del Colo Colo, en contra de la directiva del club, reclamando por los malos resultados del equipo en el campeonato oficial; el periodista aludido manifestaba su total apoyo a estas protestas que serían un “derecho” de los hinchas de cualquier equipo, al vivir una plena democracia como la que gozamos los chilenos.
            No sé en qué momento o periodo se trastocó tanto el concepto de democracia, que ya aceptamos como una realidad que ésta se ejerce a través de la violencia callejera, las tomas de propiedades públicas y privadas, las marchas vociferantes y en definitiva, el entorpecimiento por la fuerza de la actividad normal de la nación.
            El socialismo de antaño, despreciaba la democracia burguesa que nos regía, que ellos utilizaron muy cómodamente para acceder al poder para, desde allí, destruirla por medio de la revolución que predicaban; esfuerzo que terminó frustrado por la intervención de las FF.AA. y con ello, se vieron obligados a reconocer los méritos de la democracia que tanto denostaban y que tantos beneficios les otorgaba. Es así como este socialismo, hoy mal llamado progresismo, se adaptó a la vuelta a la democracia; pero, manteniendo los resabios de antaño, acusándola ahora de ser impuesta por la dictadura y desde esa posición crear el menoscabo de todas las instituciones republicanas y así reconocer la voz del hoy tan potente movimiento social, que convirtieron en la nueva forma de expresión de la ciudadanía, que vendría a conseguir nuevamente la revolución que no pudieron llevar a cabo en sus orígenes. Esto pudieron hacerlo gracias al apoyo masivo de los medios de comunicación, la facilidad de convocatoria que les otorgan las redes sociales y la mayoría que, ingenuamente, les aportó la democracia cristiana, que terminó desdibujada en esta vorágine; convirtiéndose en el vagón de cola de la izquierda “progresista” que, paradojalmente incluye al comunismo criollo.
            Es así como la democracia que siempre entendimos; dirigida por nuestras instituciones republicanas a través de las autoridades, constituidas por representantes de la ciudadanía que, como líderes de opinión, canalizaban las inquietudes ciudadanas ante el gobierno de turno, luchando por hacerlas realidad desde la posición de poder a que llegaron gracias a sus mandantes; terminó en esta nueva y muy especial democracia que estamos viviendo, con nuestras autoridades escondidas detrás de dirigentes gremiales, laborales, poblacionales y estudiantiles; accionando como títeres de estos últimos, sin capacidad alguna de liderar las demandas que la sociedad exige, sin siquiera avergonzarse por su irrelevante y pobre labor dentro de los movimientos sociales, que aparecen sin que ellos lleguen a enterarse.
            En las condiciones actuales, en que estos movimientos sociales se dan el lujo de interrumpir las labores legislativas con el beneplácito de la máxima autoridad de este poder del estado; sería interesante estudiar un cambio en la conformación del parlamento, integrándolo con los dirigentes gremiales, laborales, poblacionales y estudiantiles que efectivamente representarían a la ciudadanía; interviniendo a través del Servicio Electoral el proceso eleccionario  de estos dirigentes, para asegurar que sean realmente representativos de sus bases.
            Así nos desprenderíamos del lastre carísimo que significa un parlamento monopolizado por los partidos políticos que, al parecer, a nadie representan y por ello, es incapaz de liderar a la ciudadanía, cuya labor está transformada en un trámite burocrático administrativo de aprobación o rechazo de leyes, discutidas, definidas y acordadas fuera del ámbito de este Poder del Estado.
            Con verdaderos líderes gobernando el país, se terminaría la violencia en las calles, las marchas que impiden el libre desplazamiento de la ciudadanía, las tomas de propiedades públicas y privadas y en definitiva, nos aseguraríamos que no sean los vociferantes quienes impidan la labor gubernativa.
            Mientras este mal llamado progresismo, no reconozca la validez de nuestra democracia y la Constitución que nos rige; respetando las leyes vigentes, mas temprano que tarde, volveremos a caer al despeñadero; sin la seguridad que las FF. AA. vayan a estar dispuestas nuevamente a sacarnos del abismo.

 

jueves, 8 de marzo de 2012

PATRIA

 
            Mientras me encontraba en Viña del Mar este verano del 2012, rodeado por un cordón de fuego y bajo una lluvia de cenizas, escuchaba las noticias, indicando que los incendios habían sido provocados intencionalmente por desquiciados incendiaros; tal como ya había ocurrido en el Paine en Magallanes y también en la Región del Bio Bio.
            Incendiarios han existido siempre y seguirán existiendo, presentándose en individuos enfermos; pero, como casos aislados y fáciles de identificar y nunca con la agresividad y la cantidad de atentados, como los que estamos observando hoy día en nuestro país.
            Me pregunto qué nos ha llevado a este estado de cosas que ha desquiciado a nuestro pueblo, al que ya nada le interesa, todo lo ensucia, lo rompe, lo destruye o lo incendia; no se respeta a ancianos, mujeres, profesores ni a los propios padres. Se me ocurre que la respuesta es muy simple y se explicaría en el discurso de la izquierda durante todo el siglo pasado, exacerbando nuestras peores características como la envidia, el resentimiento y el odio entre nosotros que, en los últimos 20 años de gobierno de la progresía de la concertación, lo llevó al paroxismo, destruyendo lo último que nos unía como país, como eran las instituciones que nos regían y representaban, partiendo por la Constitución “impuesta por la cruel dictadura”, las FF.AA. convertidas en un antro de criminales, Carabineros como “agentes de la represión y la violencia” contra el pueblo y los pobres, la Iglesia “conformada por abusadores y pedófilos”, los poderes judicial y legislativo “sumidos en la peor corrupción” y en el último tiempo, la institución de la Presidencia de la Republica a la que finalmente se le perdió el respeto con que siempre contó. Todo lo señalado, apoyado por los medios de prensa, radio y TV de todas las tendencias e independiente de la propiedad de dichos medios, que muchos relacionan con la derecha; pareciendo que las facultades de periodismo de las Universidades, hubieran preparado a sus alumnos para desarrollar esta campaña de destrucción de nuestra sociedad, disfrazada de progreso, modernismo y libertad de expresión.
            La TV, subliminalmente, ha lavado el cerebro de nuestro pueblo a través de sus noticieros que ya van en mas de una hora, llenos de entrevistas editadas para crear una opinión sesgada de la realidad que vivimos, mostrándolas como verdades objetivas. Se han preparado infinidad de teleseries y programas en vivo de muy bajo nivel, que enaltecen la infidelidad, el homosexualismo y el embarazo adolecente, como si estas condiciones humanas fueran divertidas, simpáticas, entretenidas y además, deseables y beneficiosas para la sociedad, lo que junto a proposiciones del gobierno para cambiar la institución matrimonial, transformándola en un vulgar contrato de compra venta; está destruyendo esta institución y con ello a la familia; comprometiendo el futuro de nuestra patria como son los niños, que terminan abandonados o en el mejor de los casos, en medio de conflictos entre adultos que los marcan de por vida.
            Por otra parte, en su afán mercantil y de atracción de público, todos los medios de comunicación atacan irresponsablemente a nuestras instituciones fundamentales, como lo hacen permanentemente con la Iglesia Católica y con la policía, constituida por Carabineros de Chile. A Carabineros, que era una de las instituciones de mayor prestigio en la opinión publica y un orgullo para el país en el contexto mundial, lo desprestigian antes de cualquier investigación; apenas ocurre un hecho delictual se le presupone mala intención y hasta de preparar montajes para acusar de delitos a supuestos “inocentes ciudadanos”, evidentemente, editando declaraciones de los afectados por la labor policial; creando la idea en la opinión pública que la policía buscara y gozara con la represión de “ciudadanos ejemplares” e inventara delitos solo por deleite morboso. A la Iglesia que la izquierda la usó hasta la saciedad durante el gobierno militar, hoy la han llenado de oprobio, por hechos aislados que se han dado a conocer, gracias a la propia intervención eclesiástica; desconociendo absolutamente la gran labor moral de esta institución en la creación y el desarrollo de nuestra nación.
            No se trata de esconder u ocultar las irregularidades de las instituciones básicas de la República; pero, la mínima responsabilidad de los medios de comunicación nacionales, es dar al menos el beneficio de la duda, cuando con seguridad los afectados, las  denuncian, acusan, desprestigian y calumnian para eludir sus culpas; dando por sentado y editando la información, para involucrar a las instituciones en hechos delictuales, antes de investigación alguna.
            A los forjadores de nuestra nación y los héroes que venerábamos por sobre nuestras legítimas diferencias, hoy son despreciados, como agentes de la oligarquía y enemigos del pueblo, al que dirigieron a la muerte en beneficio del enriquecimiento de unos pocos dueños del capital y lacayos del imperialismo extranjero. A O’Higgins se le presenta en los medios como un cobarde y pusilánime de dos caras y a Prat lo mostraron como un homosexual en una obra financiada por el estado, con la venia del ministerio de educación. En este aspecto se ha llegado hasta la estupidez que un personaje de apellido Salazar, que oficia de historiador de la progresía, desconoce la palabra “patria”, como anacrónica y chovinista, por sus raíces autoritarias y hasta militaristas, presentándola como un vocablo de “ellos”, del otro bando; precisamente “sus enemigos”.    
            Hoy estamos convertidos en dos o tres bandos enemigos; como país no existe proyecto común alguno, con la excepción de “la roja de todos” que de muy poco nos sirve, por el pésimo nivel de nuestros futbolistas, que funcionan mejor en la farándula que en la cancha.
            La caricatura de país que nos han legado los últimos gobiernos, es de un pequeño grupo de empresarios, sinvergüenzas de “cuello y corbata” y “chupasangres”, que explotan a un pueblo pobre e ignorante, al que no se le reconoce capacidad ni siquiera de adquirir los bienes mas elementales; pero, sin empacho alguno son llamados a pronunciarse sobre los destinos de la nación cuando necesitan sus votos.
            Triste destino nos espera de seguir por el camino que nos ha trazado la progresía nacional en que, a lo menos como país, no existe posibilidad alguna de trascender como alguna vez lo hicimos. Para ello, como mínimo deberíamos creer y confiar en una base común de convivencia cívica; convenciéndonos que la vida es un continuo esfuerzo y sacrificio ineludible para la inmensa mayoría de la humanidad, independiente de la desigualdad y de la ayuda colectiva a la que se pueda acudir. 

lunes, 9 de enero de 2012

EMPLEADOS PUBLICOS

            En uno de los últimos paros de la administración pública, caminando por la calle Moneda, me encontré con unas oficinas de la Inspección del Trabajo con carteles y pancartas protestando en la calle en apoyo a un paro convocado por la CUT.
            No logro entender que los empleados públicos se acoplen a paros de cualquier tipo; pero, más difícil de entender es que lo haga, precisamente, la Inspección del Trabajo, organismo fiscalizador, precisamente, de la actividad laboral.
            El servicio público, debería constituir un honor y orgullo para quienes lo desempeñan, tal como lo proclaman los parlamentarios desde sus cómodas posiciones remuneracionales; dando a entender que el desempeño de sus cargos les significa  un gran sacrificio ante las atractivas alternativas que les presenta a ellos la actividad privada; situación válida para todos los empleados del estado, independiente de su nivel de ingresos.
            Los empleados públicos, están al servicio de toda la ciudadanía que les paga su sueldo y son sus mandantes. Estos trabajadores, no están en la condición de contraparte e intereses contrapuestos con un patrón que lucra con su trabajo, lo que justificaría el origen de conflictos entre las partes. Los empleados públicos al servicio de los ciudadanos de la República, si no están de acuerdo con sus condiciones laborales o sus remuneraciones, cuentan con procedimientos internos de petición y reclamo para resolver estos problemas y si en definitiva, no le son aceptadas sus propuestas o sencillamente, los resultados obtenidos no son de su agrado; ellos son libres de dejar el servicio público para buscar mejores condiciones y remuneraciones en el sector privado; pero, en ningún caso paralizar las actividades y dejar de atender a sus mandantes. Quienes lo hagan, deberían ser despedidos de inmediato sin derecho a beneficio alguno.
            Es una aberración comparar a un servidor público con un trabajador particular privado. A este último, la ley le reconoce el derecho a discutir sus condiciones de trabajo y remuneraciones con el empleador, incluyendo medidas de presión para exigir el reparto de los recursos obtenidos por la empresa, de acuerdo al aporte de cada uno de los factores productivos. En el caso de los servidores públicos, no existen conflictos de esa naturaleza y sus empleadores, que es la ciudadanía toda, la única producción que le exige es una buena atención que no es un negocio para ella.
            Que la justicia haya considerado que a los servidores públicos no se le podría descontar remuneraciones por ausentismo en un paro ilegal, es algo insólito y una aberración. A esos servidores públicos no solo debería descontársele los días no trabajados, sino, además deberían ser despedidos por este ilícito.  
            Dentro del servicio público se encuentran las policías y FF. AA. que son capaces de solucionar internamente sus conflictos laborales, sin necesidad de llegar a movimientos de presión; a pesar que sus remuneraciones son de menor nivel que gran parte del resto de la administración pública. Lo que permite asegurar que, toda la actividad pública puede perfectamente, desenvolverse sin paros ni movilizaciones.
            En las empresas y servicios productivos del estado, como la Enap, Codelco y EFE, los trabajadores deberían contar con algún método de negociación que les permita solucionar sus conflictos de intereses con quienes dirigen estas empresas, muy alejadas del servicio público propiamente tal; comprobándose con ello, que está fuera de toda lógica que el estado se dedique a administrar empresas

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LOS FLAITES

 
                        Haciendo un análisis de la situación del país después de las protestas estudiantiles, del profesorado, padres y apoderados, caceroleo de por medio y de algunas organizaciones de trabajadores, es muy difícil entender este descontento tan generalizado, en un año de crecimiento económico, aumento del empleo y remuneraciones y otros índices muy auspiciosos, junto a beneficios muy concretos otorgados a los más desposeídos y sociedad en general.

                        Creo que la desgracia de este país, se debe al tan odiado capitalismo y neoliberalismo que permitió algo inédito, al crear tanta riqueza en tan poco tiempo, permitiendo que una inmensa cantidad de la población, de un estrato socio económico cultural muy  bajo, accediera a un nivel de ingresos inimaginable para ellos y que junto a una estructura comercial de una gran capacidad crediticia, les dio la posibilidad de adquirir bienes que nunca soñaron. Este cambio tan repentino, para el cual no estaban preparados, los perdió inmersos en una sociedad que no les dio oportunidades para insertarse, paulatinamente, en su nueva situación; terminando en un estado de frustración lamentable por falta de identidad, que los llevó a dilapidar sus ingresos en estética personal, basada en gustos muy precarios, tatuándose, perforándose y peinándose estrafalaria y ridículamente y junto con ello, descontroló su alimentación, pasando de una condición de desnutrición (no olvidemos que fue derrotada en1988) al de obesidad, que se está convirtiendo en una verdadera lacra social. Finalmente, esta frustración, junto a la profusa campaña mediática que les mostraba posibilidades infinitas de alegría y felicidad, inalcanzables para ellos, los motivó a protestar por todo, desarrollando un culto al feísmo, rayando, basureando y destruyendo todo lo que el resto consideraba bello, limpio y grato.

                        Este nuevo grupo social dentro de nuestra sociedad es tan numeroso, característico e identificable que ya cuenta con un nombre propio reconocido en todo el país, como son los “flaites”, que vemos en todas partes, que en Viña del Mar se tomaron la calle Valparaíso y que en Santiago ya son dueños del paseo Ahumada, donde saborean infinidad de fritangas de la peor especie los fines de semana, usan profusamente el Metro y Transantiago en sus desplazamientos y ya están tomando el control de las calles de Providencia, donde campean como ambulantes, tarotistas o simples visitantes. Estos flaites son tan numerosos y vistosos que han influido en otros estratos de la sociedad que, por diversión, imitación o simpatía, están copiando su aspecto y así vemos como se ha extendido la ordinariez y procacidad en gran parte de la población, con la enorme ayuda de los medios de comunicación, en especial de la TV. Es así como, ya nos estamos acostumbrando a ver a una inmensa mayoría de nuestra juventud, tatuada, con sus rostros y cuerpos perforados, llenos de colgajos, sortijas y amuletos, privilegiando el aspecto sobre el intelecto; acudiendo como rebaño a recitales de bandas de dudosa calidad; retrotrayéndonos a costumbres tribales de las más primitivas civilizaciones.

                        Este grupo humano ha sido terreno fértil para los medios de comunicación y el mal llamado progresismo que, con su permanente discurso de la desigualdad, han aumentado su frustración y creado un odio, hacia quienes ellos ven como impedimento a su posible ascenso en la escala social, cuya representación más precisa serían los “ricos” o los “empresarios” y como están dispuestos a expresar su frustración, ella se ha dado a conocer a través de los grafiteros, barras bravas, protestas estudiantiles, encapuchados, okupas y anarquistas.

                        Antiguamente, la movilidad social era muy baja y mucho más lenta; partiendo por la educación y producto de ella, la prosperidad económica; permitiendo el pausado surgimiento e inserción de los individuos a los estratos mas altos de la sociedad, llevándolos a una total integración, sin mayores traumas. Es así como colonias extranjeras que originalmente eran despreciadas, hoy día están incorporadas en plenitud a los estratos socio económico más elevados de la sociedad y del país.

                        Sin embargo; la movilidad social de aquella época, era producto del paternalismo y del clientelismo político y no del crecimiento económico; impidiendo la masificación a que hemos llegado en los últimos 30 años, fruto como dijimos del tan odiado modelo económico, que le entregó a este grupo social los recursos para surgir y no la formación personal, que les permitiera adaptarse adecuadamente al nuevo medio en el que deberían desenvolverse.

                        Se me ocurre que es urgente darle solución a esta situación que vive una parte importante de nuestra población; solución muy dificultosa al encontrarnos con la decadencia de las instituciones que podrían contener estos desbordes, como el matrimonio, hoy tan venido a menos, que ha provocado la destrucción de la familia como núcleo de la sociedad; dedicando a los adultos a la búsqueda de la felicidad sexual a cualquier precio, según los patrones que les entregan los medios y que de tanto buscarla jamás la encontrarán. En este escenario, es muy difícil educar en el rigor a niños y jóvenes para que entiendan que, solo para vivir en este mundo, es imprescindible trabajar muy duro y solo en ese esfuerzo, es donde podríamos encontrar la felicidad ya que, menos del 1% de la humanidad es la que puede gozar del ocio y por lo tanto; quienes quieran llegar a ese estado de opulencia, lo más probable es que mueran frustrados y deprimidos en el intento.

martes, 29 de noviembre de 2011

EL SOCIALISMO

            Por razones de índole familiar, desde muy temprano llegaron a mí, nociones del socialismo, doctrina muy atrayente y en boga en aquella época y de acuerdo a mi percepción, creí que dichas nociones me habían permitido adquirir la tan manoseada “conciencia social”, sin embargo; los años me permitieron captar que en la inmensa mayoría de los casos, la sola actividad laboral le permite a cualquiera conocer la realidad de la sociedad en que vive, a excepción de quienes, al termino de sus estudios, abrazan la actividad docente y solo conocen la realidad de las aulas académicas y desde allí, llenan la cabeza de la juventud de teorías humanistas, utópicas e irreales. Así he llegado a convencerme que dicha “conciencia social” no es monopolio del socialismo como lo cree hasta gran parte de la derecha que hoy se siente “liberal y progresista” quienes, para enfatizar su preocupación por los pobres, se denominan “socialistas de derecha”.
            Con el discurso de la igualdad y la justicia social, tan atractivo para la juventud idealista y por otro lado, la exhibición de los triunfos de los socialismos reales con su ventaja en la carrera espacial, su superioridad incontrarrestable en los juegos olímpicos y la simpatía y romanticismo que rodeó la victoria de la revolución cubana, el socialismo se convirtió en la moda de la intelectualidad de occidente, cuya influencia me llegó con mucha fuerza, convenciéndome que era el camino lógico que debía seguir la humanidad, convirtiéndose en certeza absoluta con la derrota del imperio norteamericano en Vietnam y la salida de Nixon del poder. Afortunadamente, nunca me entregué de lleno a estas ideas, por la gran duda que me provocaba observar que, para la existencia de los socialismos reales era condición ineludible un estado policial.
            Dicho lo anterior, evidentemente se me produjo un gran conflicto de conciencia el golpe de estado de 1973 que destruyó la convivencia democrática en que se había desarrollado mi vida; pero, terminé aceptando de mala gana la situación ante una inminente guerra civil que habría sido catastrófica para el país, aunque seguía convencido que la utopía socialista era aplicable en beneficio de los mas desposeídos.
            Con la caída del muro de Berlín y de los socialismos reales en 1989, mis convicciones sufrieron un nuevo deterioro que culminó cuando me topé en el centro de Santiago con un grupo de mendigos, constituido por una mujer muy hermosa con sus hijos que portaban un letrero que señalaba que eran rumanos y pedían ayuda para su miserable subsistencia que nunca encontraron en su patria y la buscaban acá. Quizás podría haber entendido ese cuadro si se hubiera tratado de la 5ª Avenida en Nueva York; pero, que de la Gran Rumania de Ceausescu vinieran a pedir limosna a Santiago de Chile, me convenció definitivamente que el socialismo fue, sin duda alguna, la gran mentira del siglo XX que esclavizó a cerca de la mitad de la humanidad por más de 70 años.
            Caídos los socialismos reales y disgregada la URSS, comenzaron a evidenciarse las verdaderas condiciones en que vivían aquellas naciones, con oligarquías políticas, constituidas por el partido comunista, que gozaban de todas las garantías, bienestar y riquezas, esclavizando al resto de la población, bajo un estado policial, sometido a un control centralizado, deficiente e ineficaz que lo llevó a un desastre político y  económico, cuyo trágico y emblemático ejemplo fue la catástrofe nuclear de Chernóbil.
            En definitiva, todo el imperio soviético fue una falsedad completa que gastó todos sus recursos en su poderío militar y actividades que le redituaban beneficios de imagen y propaganda, como el deporte, el arte y la carrera espacial, mientras el pueblo se sumía cada vez más en la miseria, como lo podemos observar hoy día con los dos bastiones del comunismo que aún sobreviven como son Corea y Cuba, verdaderas monarquías familiares que mantienen sojuzgados a sus pueblos sin libertad alguna. A China no la considero; porque de comunista, lo único que le va quedando es la esclavitud de su pueblo.
            La caída del muro de Berlín, estableció un hito muy definido que marcó el término de un período muy triste para gran parte de la humanidad, que sufrió grandes violaciones a sus derechos, sometida a regímenes totalitarios impuestos a sangre y fuego. Disgregado el imperio soviético, desaparecieron los partidos comunistas en el mundo, convirtiéndose en grupúsculos insignificantes; a excepción de los países subdesarrollados como el nuestro que, con una contumacia incomprensible siguen enarbolando su anacrónica y fracasada doctrina que, hasta jóvenes universitarios la abrazan.
            Hoy día el socialismo quedó sin referente y ante su orfandad de ideas nuevas y la imposibilidad de resucitar sus fracasados paradigmas; abrazaron nuevos referentes como la ecología y medio ambiente, la defensa de las minorías sexuales y el indigenismo que les está entregando buenos dividendos, por su fácil llegada a la juventud y a movimientos fanatizados de gran convocatoria. 
            En Chile vemos al socialismo con un gran apoyo internacional oponiéndose al desarrollo energético del país; como asimismo, apoyando el movimiento mapuche en la Araucanía y la promoción del homosexualismo a través de los medios de comunicación. Triste término de unas ideas que prometían el paraíso en la tierra, en que todos seríamos iguales disfrutando de sus riquezas, que fluirían a través de una administración central proba, justa  e impoluta; consiguiendo todo lo contrario, sometiendo a la esclavitud a casi la mitad de la humanidad.        
            Cuanta hipocresía hay en los actuales socialistas que se sienten los sustentadores mundiales de los derechos humanos, del medio ambiente y la no discriminación; pero, cuando constituyeron gobiernos, fueron los mayores violadores de los DD. HH., los más grandes depredadores del medio ambiente y los peores antisemitas y homofóbicos. Y no se trata de producir empate; porque, al comparar cualquier situación mundial con las calamidades ocurridas en los socialismos reales; estos últimos son triunfadores absolutos, en cuanto a desgracias provocadas en los países que dominaron y muy lejanos de un empate.

viernes, 18 de noviembre de 2011

NUESTRA DEMOCRACIA

            La democracia que tanto alardea nuestra clase política, más que un sistema de gobierno, es una forma de vida que, al parecer, muy pocos la practican. Es así como la gran mayoría la entiende, exclusivamente, como la elección de autoridades por voto popular y las propias autoridades, una vez elegidas, se convierten en verdaderos reyezuelos en el trato hacia la ciudadanía y en el uso y abuso de los recursos del estado, ante la total pasividad de esa misma ciudadanía que las eligió.
La cultura cívica que permite sostener una democracia sólida es muy simple y consiste en el reconocimiento y respeto de toda la ciudadanía, tanto a las normas básicas de convivencia que es la Constitución, y a las Instituciones de la República. Desgraciadamente, en Latinoamérica no ha existido ese reconocimiento y respeto a las instituciones republicanas; permitiendo continuos cuartelazos que periódicamente han interrumpido cortos periodos democráticos muy precarios; siendo nuestro país uno de los pocos que puede demostrar cierta estabilidad en periodos más largos. En definitiva, en el único país en que la democracia se ha consolidado ininterrumpidamente en el tiempo es en los EE.UU., por la simple razón que todas las autoridades reconocen y respetan, como lo más sagrado, sus instituciones. Partiendo por su constitución, que en más de 200 años ha sufrido menos de 30 enmiendas, de las cuales, no más de 10 se refieren a cambios de orden político.
            Cuando nuestra anterior presidente doña Michelle, en uno de sus viajes a EE.UU. lanzó un chiste de muy mal gusto, señalando que en ese país no había golpes de estado; porque, no existía una embajada de EE.UU., estaba tremendamente equivocada. Ella era, precisamente, quien debería conocer mejor que nadie su error, al haber apoyado a un gobierno como el de Allende que utilizó, hipócritamente, la constitución para acceder al poder, declarando luego que no la respetaba por burguesa y oligárquica y una vez en el ejercicio del éste, pisoteó las instituciones y se mofó de la propia constitución lo que provocó, en definitiva, el golpe de estado, en el cual la participación de la embajada norteamericana fue solo circunstancial; porque, si Allende hubiera reconocido y respetado las Instituciones de la Republica, con o sin esa embajada, no habría ocurrido el golpe de estado. Para que decir lo ocurrido en los otros países del continente, con antecedentes mucho menos democráticos que el nuestro, en que las constituciones y cuartelazos se sucedían unas tras los otros.
            Esta forma de enfrentar la democracia está tan enraizada, que hoy día siguen habiendo autoridades tan inconsecuentes, que han postulado a sus cargos utilizando la constitución y gracias a ella han accedido al poder, ejercen los cargos y reciben contraprestaciones en dinero del estado por su labor y en su discurso, la desconocen por espuria y producto de la dictadura. La mínima consecuencia, honestidad y decencia que debería esperarse de un ciudadano que no reconoce nuestra base de convivencia, es que no se postule a un puesto de autoridad, amparado por esas normas que no respeta y desprecia. Muy distinto es postular cambios constitucionales bajos la normativa de la propia constitución.
            Ninguna de las constituciones que han regido nuestro país han sido de un origen impoluto; pero, todas han permitido que la ciudadanía, a través de sus representantes, puedan adaptarlas a los tiempos y a las necesidades de nuestra sociedad. La actual constitución, fue aprobada originalmente por votación popular que podría ser discutible; pero, posteriormente fue refrendada en el plebiscito de 1988 con una de las participaciones más altas de nuestra historia, para volver a aprobarla con varias modificaciones por un nuevo plebiscito en 1989. Posteriormente, la ciudadanía y muy especialmente las autoridades elegidas, han refrendado la validez de la constitución vigente en repetidas votaciones populares, junto con la incorporación de una gran cantidad de modificaciones, Por lo tanto; en nada es espuria y como resabio de la dictadura, no queda siquiera, la firma del dictador.
            En su comportamiento, nuestras autoridades, muestran ciertos resabios monárquicos en su trato con la ciudadanía, siendo ellos unos vulgares mandatarios de dicha ciudadanía. La lista de estas actitudes es muy profusa y vergonzosa, desde el uso de vehículos fiscales para vender hortalizas, hasta el robo abierto de recursos financieros y nepotismo en la administración pública. Esta corrupción y utilización del aparato del Estado en beneficio de quienes ostentan el poder, no son meras irregularidades o falta de transparencia, como tratan de hacerlo ver los medios de comunicación; estas actitudes, si no son ilícitas son una inmoralidad que reflejan, nítidamente, que las autoridades no saben qué es efectivamente una democracia; sintiéndose dueños del país y de sus recursos mientras ostentan el poder.
            Mientras no cambie la cultura nacional para entender la democracia como un régimen en que, además de la elección de las autoridades por voto popular, estas autoridades deben saber que los recursos fiscales puestos a su disposición, son de todos los chilenos y no de su uso particular, que ellas son las primeras que deben cumplir la legislación y que le deben respeto a sus mandantes, desde el más humilde poblador del país hasta el ciudadano de mayor jerarquía. Si esto no ocurre, podrán promulgarse todas las leyes de probidad que se quiera y la corrupción seguirá aumentando.
            Quisiera referirme a dos actitudes de las autoridades que son muy vistosas para la ciudadanía y que frecuentemente observamos en los 20 años de gobierno de la concertación y que, desgraciadamente, han continuado con el nuevo gobierno; me refiero en primer lugar, al uso de regimientos de policías escoltas para movilizar autoridades dentro del área urbana, incluida la movilización escolar de sus hijos; costumbre tan arraigada en nuestra sociedad que, una ministra del anterior gobierno, relataba a una revista de farándula, como una anécdota simpática, las vicisitudes con sus escoltas en las caravanas que cada mañana partían con sus hijos a diferentes colegios de Santiago, para terminar en sus oficinas del ministerio.
            En segundo término, creo que todos hemos sido testigos alguna vez del paso de nuestras autoridades por las carreteras de Chile, con amplias comitivas, atropellando a medio mundo sin respeto alguno a las leyes del tránsito y menos hacia sus mandantes que es la ciudadanía toda. En honor a la verdad, estas actitudes prepotentes las inauguró el “Compañero Presidente” y  continuaron multiplicadas por cuatro en el gobierno militar, aunque durante ese período, al menos  no se jactaban de ser democráticos. Sin embargo, es inconcebible hoy, cuando los dirigentes políticos hacen “gárgaras” con la  democracia y apenas son elegidos, se sienten de inmediato con autoridad para abusar y no cumplir las leyes. Y no se diga que los despliegues de fuerza en las comitivas de la autoridades, corresponden a medidas de seguridad, para proteger la integridad física de ellas; porque, para una real seguridad, sería mejor que el paso de las autoridades ni siquiera se notara y por otra parte, si las autoridades temen por su seguridad personal, antes de asumir el cargo deberían rechazarlo o sencillamente, no postular a cargos tan peligrosos. Nadie es obligado a ejercer un cargo público.
            Está en la esencia de la democracia como un sistema de gobierno, que las autoridades deben sentirse servidores de sus mandantes, respetándolos en todas sus actividades, desde cuando pasan por la calle hasta cuándo deben atenderlo en cualquier oficina a la que acuda el más humilde de los ciudadanos. Desgraciadamente, la cultura actual es totalmente opuesta; las autoridades se hacen elegir para obtener prebendas para ellos y esperan sumisión de la ciudadanía con la que abusan, en lugar de ser los primeros en cumplir las leyes y los más respetuosos con sus semejantes.